¿Sabías que el hígado graso es la enfermedad hepática más común en todo el mundo, y afecta a la cuarta parte de la población mundial?. Es por esto, que es muy importante prevenir esta enfermedad, y, en caso de estar diagnosticado, realizar un tratamiento médico y nutricional para evitar su progresión. Por esto, hoy te contamos sobre los beneficios del Omega 3 en la prevención y control de la enfermedad del hígado graso no alcohólico.
Los ácidos grasos omega 3, son una clase de ácidos grasos poliinsaturados (PUFA), que son un tipo de grasas saludables, al igual que las grasas monoinsaturadas. Dentro de la clasificación de las grasas omega 3, existen 3 tipos principales y más estudiados: el ácido alfalinolénico (ALA), ácido eicosaepentanoico (EPA), y el ácido docosahexaenoico (DHA) (1).

El ALA es un tipo de grasa esencial, es decir, el organismo no lo produce y, por lo tanto, hay que obtenerlo a través de los alimentos que consumimos. Asimismo, nuestro cuerpo puede convertir el ALA en EPA y en DHA, sin embargo, la conversión que se da en el hígado, es muy limitada y se obtiene muy poca cantidad de estos ácidos grasos. Por lo tanto, el consumir EPA y DHA mediante los alimentos o suplementos dietéticos, es la única forma de aumentar los niveles de ácidos grasos omega 3 en el cuerpo, y obtener sus beneficios (1).
1. Funciones del Omega 3

El omega 3, es un componente importante de los fosfolípidos (un tipo de grasa) que, a su vez, es componente esencial de las membranas de las células de nuestro cuerpo. Además, el DHA forma parte de la retina de los ojos, el cerebro, y los espermatozoides. Asimismo, estudios han determinado que el omega 3, tiene efectos positivos en el desarrollo cerebral de los niños, durante la gestación y la lactancia (1,2).
Por otro lado, el omega 3 también facilita la captación de la glucosa por las células del cerebro (la glucosa es necesaria para brindarnos energía), protege la salud cardiovascular y mental, contribuye a reducir los niveles de colesterol y triglicéridos en sangre, y mejora la resistencia a la insulina. Además, el DHA tiene efectos antiinflamatorios y, el EPA, contribuye a mantener el flujo sanguíneo (2).
2. Beneficios del Omega 3 en el Hígado graso

En la actualidad, estudios científicos han determinado que los ácidos grasos omega 3 (específicamente EPA y DHA), pueden contribuir a la prevención o al control del hígado graso, a través, de los siguientes mecanismos:
2.1 Inducción de la oxidación de ácidos grasos:
Estudios han demostrado, que el omega 3 puede mejorar la resistencia a la insulina, e inducir a una mayor oxidación de ácidos grasos (pérdida de grasa).
2.2 Reducción de la lipogénesis de novo:
La lipogénesis de novo, es una vía metabólica en la que, a partir del exceso de los carbohidratos ingeridos en la dieta, se sintetiza grasa, y esta puede adherirse al hígado. El omega 3, puede reducir esta vía metabólica.

2.3 Reducción de infiltración de grasa en el hígado:
Ya que, el omega 3 contribuye a una mayor oxidación de grasa, y a una menor producción de la misma, reduce también el riesgo de que la grasa pueda infiltrarse en las células del hígado (hígado graso).
2.4 Reducen la inflamación:
Recordemos que la enfermedad del hígado graso es una enfermedad inflamatoria, por lo tanto, los ácidos graso omega 3, pueden reducir marcadores de inflamación en nuestro cuerpo, contribuyendo al control de la enfermedad, evitando complicaciones.
2.5 Modulan la microbiota intestinal:
El omega 3 puede mejorar la disbiosis (desequilibrio de la microbiota intestinal), ya que promueve que la microbiota tenga bacterias beneficiosas para el organismo, como los Lactobacillus, y reduce a los Bacteroidetes, que son microorganismos relacionados con el sobrepeso, la obesidad, y complicaciones del hígado graso (3,4,5).
3. Alimentos con Omega 3

Es cierto, que los estudios científicos se han centrado en el estudio de los beneficios de los ácidos grasos omega 3 en la enfermedad del hígado graso, mediante la suplementación de estos. Sin embargo, los ácidos grasos asociados a la prevención y control del hígado graso (EPA y DHA), también se encuentran en muchos alimentos naturales y fortificados. A continuación, te decimos cuáles son:

- Pescados y mariscos: en especial los pescados grasos de agua fría, que contienen DHA y EPA, son: el salmón, atún, caballa, arenque, trucha, sardinas, y ostras.
- Nueces y semillas: como semillas de linaza, chía, y nuez de nogal, que contienen principalmente ALA. Sin embargo, recordemos que a partir del ALA se puede sintetizar una pequeña cantidad de DHA y EPA.
- Aceites vegetales: como el aceite de linaza, de soja, y de canola, que también contienen ALA.
- Alimentos fortificados: como, por ejemplo, algunas marcas de huevos, yogurt, leche, bebidas de soja, y fórmulas infantiles (1).







